Pues bien. Esta semana, tras Quilombagem, llegó Rim Banna al teatro Jovellanos de Gijón. Y Atemporal y yo fuimos a verla. Por la tarde, se había tropezado paseando por la ciudad y se había roto una pierna. Pero eso no impidió que nos regalase una noche maravillosa. Sentada cantó con el alma temas populares palestinos adaptados por ella y su marido, el artista ucraniano Leonid Alexeienko, al que conoció en la famosa Escuela de Música Rusa "Insituto de Música Gnesins". También cantó el poema que su madre, la poetisa palestina Zuhaira Sabbagh, le escribió en una carta a su marido cuando estaba encarcelado como preso político por el Estado Israelí.
Rim Banna pertenece a ese reducido grupo de artistas que suenan frescos, potentes, auténticos. Ha creado un repertorio de canciones que abarca los distintos aspectos de la vida -también de la vida/no vida del pueblo palestino-, en las que siempre hay matices por descubrir y que no te cansas de escuchar. Con una voz dotada y educada en riquísimos registros y, por encima de todo, con una gran capacidad de transmitir emociones.
Rim Banna también es una presencia poderosa sobre el escenario. Incluso cuando su pierna partida le impide moverse.
Y todo esto se tradujo en un agradecido público que se fue a casa con la agradable sensación de que había merecido la pena enfrentarse a esa noche fría y lluviosa para escuchar, en la mayoría de los casos a una completa desconocida. Se llevaban el descubrimiento de una pequeña joya.

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