26 de julio de 2006

"Nos han robado la Vía Láctea"

Un día, paseando por un alucinante pueblo medieval, comentas con un amigo una preocupación "poco recurrente mediáticamente". Pocos días más tarde, te lo encuentras en la prensa. Me encanta estas experiencias mediatelepáticas que nos demuestran que somos muchos más y si nos unimos somos mucho más poderosos de lo que ellos creen.

CONTAMINACIÓN LUMÍNICA
"Nos han robado la Vía Láctea"

NÚRIA NAVARRO

Se acabaron aquellos veranos de azotea en los que nos extasiábamos ante la bóveda celeste. Hemos encendido tantas luces que las estrellas no se ven. Por eso, Pere Horts (Figueres, 1956), profesor de Filosofía de la Ciencia de la Universitat de Girona y astrónomo, creó Cel Fosc, una oenegé que lucha contra la contaminación lumínica. Sostiene Horts que la energía eléctrica a todo trapo, además de ser cara, desbarata la flora y la fauna (nosotros incluidos).

--Exponga el agravio.
--Antes, desde mi terraza, en el centro de Figueres, podía observar con el telescopio el cúmulo de galaxias de Virgo, que están a 60 millones de años luz de distancia. De repente, una noche se habían comido tres cuartas partes de las galaxias.

--¿Quién se las comió?
--La expansión de la Barcelona olímpica. En Figueres, las nuevas instalaciones de iluminación hicieron desaparecer parte del firmamento. Si no hacíamos nada, los astrónomos teníamos cielo para cuatro días.

--Vaya. De esto también tiene la culpa Maragall...
--(Ríe) Es comprensible la necesidad que condujo a los políticos a apostar por un modelo de ciudad que se basaba en la ostentación de sus atractivos, a crear una Barcelona de escaparate. No eran conscientes de los errores del modelo. Pero ahora conocemos las consecuencias de la contaminación lumínica.

--¿Qué consecuencias son esas?
--Económicas, para empezar. Nosotros, que en 1993 ya pedimos a los partidos que se estudiara el fenómeno, demostramos que haciendo unos cambios se lograba un ahorro energético de un 25%.

--¿De cuánto estamos hablando?
--Con una iluminación correcta, Catalunya podría ahorrar 30.000 millones de euros, el equivalente a 14.000 toneladas de petróleo al año. Pero las luces encendidas no solo tienen una repercusión económica.

--Dispare.
--Tienen un impacto medioambiental. Un kilovatio de energía eléctrica producida en una central térmica genera un kilo de dióxido de carbono. ¿Estamos dispuestos a asumir este perjuicio por el disfrute estético de esporádicos paseantes a altas horas de la madrugada? ¡Es una luz absolutamente gratuita!

--Visto así...
--Además, la emisión de luz artificial deficiente, en especial cuando se proyecta desde ámbitos urbanos hacia el medio natural, tiene otros efectos nocivos. La exposición del hombre a determinados tipos de luz en horas nocturnas incide en la alteración de los ritmos circadianos y en la secreción de melatonina, que influye en ciertos tipos de cáncer.

--¡Qué me dice!
--Y afecta a toda la vida nocturna de la flora y la fauna. Somos humanos y tenemos tendencia a caer en el prejuicio antropocéntrico. Creemos que aquello que nos beneficia no perjudica a nadie más. Y es falso. La luz artificial nos permite prolongar nuestras actividades, pero no ocurre lo mismo en el medio natural.

--¿Hay tanta actividad de noche?
--La actividad biológica es superior de noche que de día. Si introduces luz blanca, se rompe el equilibrio poblacional de algunas especies y se altera la reproducción de otras.

--Entiendo. Pero es que... ¡hemos estado a oscuras 15.000 años!
--¡No pedimos volver a la oscuridad! Solo queremos que se ilumine de forma correcta lo que hay que iluminar. Hay que iluminar las vías urbanas y no hay que iluminar la fachada del Banco Vitalicio, por ejemplo.

--¿Y las fachadas de la Pedrera, la torre Agbar, el Museu Dalí...?
--Solo tiene sentido iluminarlas cuando haya un porcentaje mínimo de ciudadanos en la calle que puedan disfrutar de su visión.

--No ver el cielo también tiene implicaciones metafísicas, dice.
--Dos terceras partes de la población mundial no pueden ver la Vía Láctea. ¡Nos la han robado! En Barcelona apenas se ve la luna y alguna que otra estrella muy brillante. ¡En esta época deberían poder contarse 3.000 estrellas! Eso significa que se nos escamotea el derecho de observar una parte del paisaje natural.

--¡Hombre!
--La contemplación de un cielo estrellado difícilmente deja indiferente al espíritu más corto. Te hace preguntarte cosas. Los urbanitas, además, van perdiendo la capacidad de saberse parte del entorno natural. Y eso origina una pérdida.

--Perdemos nuestra medida.
--Así es. La materia de nuestro cuerpo, excepto el hidrógeno, se generó en el seno de una o múltiples estrellas que murieron hace millones de años. Somos materia de astros.

--Y ustedes son 300 activistas. ¡La maldición de Thomas Alva Edison!
--¡No tenemos nada en contra de Edison, sino de la mala utilización de la luz! Estamos convencidos de que, de noche, fuera de la vivienda, solo hay que iluminar lo necesario. Hay que garantizar la visibilidad y la seguridad de vehículos y personas.

El Periódico de Catalunya

1 comentario:

El vehemente dijo...

En Madrid ocurre lo mismo. Tengo un artículo sobre contaminación lumínica que coincide en muchos puntos con éste.